Enero del 2006


Paro, según se mira: España aun mejor

Publicado en General el 30 de Enero, 2006, 18:20 por floreal

Lo que toca ahora es, como aconsejó Franco a su ministro, 'no meterse en política'... y -para no enterarnos de 'corrupción en la prensa', según decía Felipe- tampoco leer diarios... salvo lo más fiable, independiente y generalmente bien informado [Salud]=

Hacia el pleno empleo (Editorial de EL PAÍS *, 28/1/06, un mes tras la fiesta de Inocentes) :

La evolución del mercado laboral español durante 2005 refleja fielmente el dinamismo mostrado por la economía durante los últimos años: una tasa de crecimiento superior al 3% -combinada con un intenso aumento del empleo-, derivada de una baja productividad, de la progresión de los mercados más intensivos en puestos de trabajo -como la construcción- y de la elevada temporalidad de los contratos. Durante el año pasado, la economía española creó 894.100 empleos, el 4,9% más que en 2004; el número total de los ocupados llegó a 19.314.300 personas y la tasa de paro se situó en el 8,70%**, un logro económico que se convierte en uno de los principales activos de la economía española.  ( ... )  Estamos claramente ante una nueva situación del mercado de trabajo, caracterizada en principio por la proximidad al pleno empleo, y varios mercados regionales como Navarra, Madrid y Aragón presentan tasas de desempleo ligeramente superiores al 5%, nivel considerado como estructural en cualquier economía...

* www.la-moncloa.es/ServiciosdePrensa/ BoletinPrensaNacional/ lo airea, feliz, para pringaos que aún vivimos sin suscripción de pago...
**...si bien esta noticia desmentiría otra, buenísima nueva de Prisa, proclamada previamente por las mismas fuentes (tres semanas antes):
 
----- Original Message -----     
Sent: Wednesday, January 25, 2006 7:17 PM  Subject: Fw: [reformaenserio] Re:...casp...ita  !!    
 
... Y no hay peligro: los progresistas sabemos de sobra que no debemos oir ni ver sino buenas [gabil]ondas que repiquen el "soma" impreso por periódicos correctamente asalmonados, en vez de amarillos (ojito al matiz), para nuestro 'interés general' de cada día; el pequeño detalle de que al día siguiente otros 'media' desdigan su versión con datos oficiales de Eurostat** ya se resolverá por el CAC&cía cuando los metan en cintura por su crispada falta de "veracidad" (es decir, 'verosimilitú" según las portavocías del poder), y al final prevalecerá la verdad repetida literalmente por Zp desde hace varios meses, que "España, ahora sí, va... mucho mejor que bien" (¡no como cuando también nos lo decía Aznar!). Ea, pues mucha salú y alegría, que esto van a ser sólo tres días, p
 
Menos paro que Europa  (Editorial de EL PAÍS *, del 5/01/06, fiesta de Reyes Magos):
 
   " A pesar de que en diciembre la evolución concreta del paro registrado no fue nada estimulante -sumó 7.357 desempleados más-, lo cierto es que la economía española ha conseguido un éxito importante al situar su tasa de paro (8,42%)  debajo de la media europea (8,7%). No es un logro baladí si se tiene en cuenta que en los primeros años de la década de los noventa el desempleo era la principal preocupación de los españoles, mientras que hoy, sin dejar de constituir un problema, ya no es motivo de angustia.

   Pese a que los políticos iluminados suelen atribuir las buenas noticias del mercado laboral a aplicación de sus recetas mágicas, lo cierto es que se deben más al buen sentido continuado y a la moderación de los agentes sociales que a las genialidades políticas de rigor.
 
    La mejora del mercado laboral es, sobre todo, mérito de la eficacia empresarial para invertir y crear empleo, y los trabajadores y sus representantes, que han moderado el crecimiento de sus rentas para asegurar la viabilidad de las empresas..."
 
  * http://www.fct.ccoo.es/prensa/pivot/entry.php?id=4379#body lo airean, felices, para pringaos que aún vivimos sin suscripción de pago...
** Además de desmentidos (en http://www.elmundo.es/mundodinero/2006/01/09/economia/1136805354.html , por ejemplo), lo importante será retener el Dato más relevante al respecto, siempre tergiversado con otros artificiosos constructos estadigráficos interesados:

         Tasa del Desempleo (Personas 'Desocupadas' entre 15 y 64 años, respecto población total de la misma edad):

-> en España... la Tasa era de 41,6% (Fuente oficial: Eurostat, Datos trimestrales sobre la población activa)

  - en la Unión Europea inicial... la media era del 35,7% (de los 15, sólo Italia y Grecia nos superan con este Paro real total)  

  - en la UE ampliada...37,1% (de los 10 últimos países llegados, sólo Hungría, Polonia, Eslovaquia y Malta también).  

 Ver ( http://europa.eu.int/comm/employment_social/publications/2004/keap04001_es.pdf en "La Situación Social de la Unión Europea"...

MA SOBRE FEDERALISMO

Publicado en General el 3 de Enero, 2006, 13:14 por Josemariadelgado
Uno tenía entendido que un estado federal está tan alejado de oscilaciones de ida y vuelta y ley del péndulo como el estado mas unitario, no sé porque presumo que el autor convierte en paradigma del fed. la experiencia histórica de EEUU y que en realidad hace la apologia de modelo autonómico español ...pero recordando que tiene marcha atrás, - el art. 155 -  Tiene a mi juicio el mérito de contribuir a normalizar el concepto "federalismo", pero a uno le gusta muchisimo mas, tanto que he propuesto a algunos amigos de aquí ver la manera de traerlo - ya estuvo en la presentación de ATTAC - el art. que envié hace unos dias de Ignacio Sotelo y que pegué en la web.: http://www.nodo50.org/reformaenserio/articulos/diciembre05/sotelofederal.htm.
En cualquier caso entiendo que el "federalismo" que es consustancial a toda la izquierda española - desde el PSOE a la CGT - es o debería ser al dia de hoy TEMA CENTRAL DE LA AGENDA POLITICA, nos guste o no - y uno preferiría que lo fuera la CUESTIÓN SOCIAL - . Discutir que se entiende por tal cosa, las distintas concepciones o estrategias respecto de esa concepción del estado, en cualquier foro, en todos los foros, es una necesidad acuciante, perentoria, tanto que si resulta previsible nuevas divisiones de las izquierdas son preferibles a la confusión y al chantaje . Ya direis - o no - algo. JM.

 



Federalismo, órdago y muerte dulce
Por LEOPOLDO CALVO-SOTELO IBÁÑEZ MARTÍN EX SUBSECRETARIO DEL MINISTERIO DEL INTERIOR 
 
ABC, 3 enero 2006.


LA historia de todos los Estados federales registra momentos centralizadores y momentos en los que, por el contrario, las entidades federadas refuerzan su posición. Con frecuencia, esas oscilaciones forman parte de la biología normal de los sistemas federales y derivan de un uso inteligente de los resortes y de las potencialidades que son propios del federalismo. Frente a un determinado desafío histórico, una federación puede expandir sus poderes y hacer crecer su envergadura financiera y administrativa; y puede también, en otras circunstancias, contraerse y preferir que las entidades federadas asuman mayor protagonismo en algunas materias. Un ejemplo clásico de centralización federal es la que tuvo lugar en EE.UU. durante la presidencia de Roosevelt, y que fue el resultado de los esfuerzos nacionales necesarios para aplicar el «new deal» y superar la gran depresión, y luego para vencer en la II Guerra Mundial. Un caso reciente del fenómeno contrario es el «nuevo federalismo» mediante el que Reagan pretendía realzar el papel de los estados y adelgazar a la federación.

En realidad, estas transformaciones son neumáticas y no afectan a las líneas maestras del sujeto político transformado, pues le permiten adaptar su geometría para capear mejor las distintas coyunturas nacionales e internacionales. Son cambios mediante los cuales el sistema federal se perpetúa en el tiempo; movimientos pendulares de un mecanismo bien regulado, donde el péndulo no sobrepasa un arco determinado y sirve para que el reloj funcione y no para que se descomponga. Por supuesto, los procesos que se han descrito generan discrepancias entre centro y periferia, pero son conflictos cuya resolución no altera el equilibrio del sistema. Es propósito del este artículo proyectar este esquema histórico y conceptual sobre nuestro Estado de las autonomías y analizar las reveladoras diferencias que resultan.

¿Cabría decir, en este sentido, que la crisis planteada por el proyecto de nuevo Estatuto para Cataluña, y que tendrá su continuación con el surgimiento de algún isótopo del plan Ibarretxe, no es sino una oscilación que puede reconducirse al ancho cauce de la Constitución sin ruptura del sistema? Tres obstáculos fundamentales hay que impiden una respuesta positiva a la pregunta. Los tres tienen que ver con posiciones muy arraigadas de los nacionalismos vasco y catalán; y los tres nos alejan, desgraciadamente, de todo lo bueno que el modelo federal ofrece en esta materia.

El primero consiste en la negación de la hipótesis misma de la oscilación pendular. Los nacionalistas no conciben más variación en las competencias autonómicas que la que consiste en su acrecentamiento. Cualquier reforma centralizadora, por parcial y justificada que fuera, se vería desde el nacionalismo como una auténtica herejía política. Desde este punto de vista, y a diferencia de lo que ocurre en el federalismo, nuestras vías de reasignación de competencias tienen una sola dirección, con lo que, de entrada, el mecanismo está descompensado.

El segundo obstáculo deriva de una concepción que parece haberse instalado en la cultura política de muchas Comunidades, y según la cual la consecución de una transferencia de competencias estatales es en sí misma un éxito. Con arreglo a esta noción de la «transferencia-trofeo», un balance político autonómico es positivo cuando puede mostrar una abultada cuenta de parcelas de poder obtenidas a costa del Estado. Paradójicamente, lo que la gestión regional consiga luego hacer con esas competencias importa mucho menos. Las Comunidades compiten para obtener mayores atribuciones, pero en cambio hay pocos datos de una auténtica rivalidad interautonómica en la prestación de mejores servicios al ciudadano. También aquí nos alejamos de las categorías federales, y muy en particular del llamado «federalismo competitivo». En EE.UU., los estados se enorgullecen de actuar como laboratorios en los que se hacen experimentos económicos y sociales que, cuando tienen éxito, se copian en los demás, se difunden por toda la unión y llegan incluso a incorporarse al derecho federal.

Aquí no son muchos los síntomas de tan saludable competición. Decir esto no significa desconocer lo mucho y bien que las Comunidades han legislado y administrado en los últimos veinticinco años. Se trata de subrayar que el análisis crítico y comparado de los resultados de las políticas públicas de los distintos gobiernos autonómicos no ha sido el centro de gravedad del debate territorial en España. El foco de atención se ha concentrado en las galerías de trofeos competenciales, obtenidos tras excursiones venatorias a Madrid, con lo que la lógica del sistema impone el aumento indefinido de las transferencias. Nada más alejado del modelo federal, cuyo seguimiento en este punto exigiría que la medida del éxito político pasara a ser la buena gestión; y exigiría también que algunos dirigentes autonómicos abandonaran la conducta del cazador-recolector para adoptar la del agricultor, de modo que pudieran dedicarse sobre todo a cultivar su jardín.

El tercer obstáculo es el peor, y en su descripción entra la terminología del mus que ayuda a titular este artículo. Sabido es que una partida de mus se puede ganar bien echando un órdago, es decir, envidando las cuarenta piedras de una vez (o treinta, en caso de regir el hecho diferencial vasco); bien consiguiendo llegar a esa cifra mediante envites parciales. Cuando este último fenómeno ocurre se habla de la «muerte dulce» de la pareja perdedora, aunque, como escribe Mingote, suele ser todo menos dulce. Pues bien, se diría que los nacionalismos soberanistas han llegado al convencimiento de que esta segunda estrategia es la que mejor conviene a sus fines. De ahí la relativa prudencia con la que ERC se comporta durante la tramitación del proyecto de Estatuto: se trata de un objetivo parcial, pero de esencial consecución, porque trae consigo un buen número de piedras y aun de amarracos. Es obvio que este planteamiento resultaría contrario a la lealtad federal menos exigente.

Recapitulando: transferencias de una sola dirección, transferencias indefinidamente crecientes que constituyen el objetivo primordial de la acción política autonómica, transferencias como pasos intermedios para la consecución de fines inconstitucionales. Este es el preocupante contexto del proyecto de Estatuto catalán. Quien quiera defender el proyecto, que no busque argumentos en el campo federal porque, como hemos visto, no encontrará ninguno

 



Federalismo, órdago y muerte dulce
Por LEOPOLDO CALVO-SOTELO IBÁÑEZ MARTÍN EX SUBSECRETARIO DEL MINISTERIO DEL INTERIOR 
 
ABC, 3 enero 2006.


LA historia de todos los Estados federales registra momentos centralizadores y momentos en los que, por el contrario, las entidades federadas refuerzan su posición. Con frecuencia, esas oscilaciones forman parte de la biología normal de los sistemas federales y derivan de un uso inteligente de los resortes y de las potencialidades que son propios del federalismo. Frente a un determinado desafío histórico, una federación puede expandir sus poderes y hacer crecer su envergadura financiera y administrativa; y puede también, en otras circunstancias, contraerse y preferir que las entidades federadas asuman mayor protagonismo en algunas materias. Un ejemplo clásico de centralización federal es la que tuvo lugar en EE.UU. durante la presidencia de Roosevelt, y que fue el resultado de los esfuerzos nacionales necesarios para aplicar el «new deal» y superar la gran depresión, y luego para vencer en la II Guerra Mundial. Un caso reciente del fenómeno contrario es el «nuevo federalismo» mediante el que Reagan pretendía realzar el papel de los estados y adelgazar a la federación.

En realidad, estas transformaciones son neumáticas y no afectan a las líneas maestras del sujeto político transformado, pues le permiten adaptar su geometría para capear mejor las distintas coyunturas nacionales e internacionales. Son cambios mediante los cuales el sistema federal se perpetúa en el tiempo; movimientos pendulares de un mecanismo bien regulado, donde el péndulo no sobrepasa un arco determinado y sirve para que el reloj funcione y no para que se descomponga. Por supuesto, los procesos que se han descrito generan discrepancias entre centro y periferia, pero son conflictos cuya resolución no altera el equilibrio del sistema. Es propósito del este artículo proyectar este esquema histórico y conceptual sobre nuestro Estado de las autonomías y analizar las reveladoras diferencias que resultan.

¿Cabría decir, en este sentido, que la crisis planteada por el proyecto de nuevo Estatuto para Cataluña, y que tendrá su continuación con el surgimiento de algún isótopo del plan Ibarretxe, no es sino una oscilación que puede reconducirse al ancho cauce de la Constitución sin ruptura del sistema? Tres obstáculos fundamentales hay que impiden una respuesta positiva a la pregunta. Los tres tienen que ver con posiciones muy arraigadas de los nacionalismos vasco y catalán; y los tres nos alejan, desgraciadamente, de todo lo bueno que el modelo federal ofrece en esta materia.

El primero consiste en la negación de la hipótesis misma de la oscilación pendular. Los nacionalistas no conciben más variación en las competencias autonómicas que la que consiste en su acrecentamiento. Cualquier reforma centralizadora, por parcial y justificada que fuera, se vería desde el nacionalismo como una auténtica herejía política. Desde este punto de vista, y a diferencia de lo que ocurre en el federalismo, nuestras vías de reasignación de competencias tienen una sola dirección, con lo que, de entrada, el mecanismo está descompensado.

El segundo obstáculo deriva de una concepción que parece haberse instalado en la cultura política de muchas Comunidades, y según la cual la consecución de una transferencia de competencias estatales es en sí misma un éxito. Con arreglo a esta noción de la «transferencia-trofeo», un balance político autonómico es positivo cuando puede mostrar una abultada cuenta de parcelas de poder obtenidas a costa del Estado. Paradójicamente, lo que la gestión regional consiga luego hacer con esas competencias importa mucho menos. Las Comunidades compiten para obtener mayores atribuciones, pero en cambio hay pocos datos de una auténtica rivalidad interautonómica en la prestación de mejores servicios al ciudadano. También aquí nos alejamos de las categorías federales, y muy en particular del llamado «federalismo competitivo». En EE.UU., los estados se enorgullecen de actuar como laboratorios en los que se hacen experimentos económicos y sociales que, cuando tienen éxito, se copian en los demás, se difunden por toda la unión y llegan incluso a incorporarse al derecho federal.

Aquí no son muchos los síntomas de tan saludable competición. Decir esto no significa desconocer lo mucho y bien que las Comunidades han legislado y administrado en los últimos veinticinco años. Se trata de subrayar que el análisis crítico y comparado de los resultados de las políticas públicas de los distintos gobiernos autonómicos no ha sido el centro de gravedad del debate territorial en España. El foco de atención se ha concentrado en las galerías de trofeos competenciales, obtenidos tras excursiones venatorias a Madrid, con lo que la lógica del sistema impone el aumento indefinido de las transferencias. Nada más alejado del modelo federal, cuyo seguimiento en este punto exigiría que la medida del éxito político pasara a ser la buena gestión; y exigiría también que algunos dirigentes autonómicos abandonaran la conducta del cazador-recolector para adoptar la del agricultor, de modo que pudieran dedicarse sobre todo a cultivar su jardín.

El tercer obstáculo es el peor, y en su descripción entra la terminología del mus que ayuda a titular este artículo. Sabido es que una partida de mus se puede ganar bien echando un órdago, es decir, envidando las cuarenta piedras de una vez (o treinta, en caso de regir el hecho diferencial vasco); bien consiguiendo llegar a esa cifra mediante envites parciales. Cuando este último fenómeno ocurre se habla de la «muerte dulce» de la pareja perdedora, aunque, como escribe Mingote, suele ser todo menos dulce. Pues bien, se diría que los nacionalismos soberanistas han llegado al convencimiento de que esta segunda estrategia es la que mejor conviene a sus fines. De ahí la relativa prudencia con la que ERC se comporta durante la tramitación del proyecto de Estatuto: se trata de un objetivo parcial, pero de esencial consecución, porque trae consigo un buen número de piedras y aun de amarracos. Es obvio que este planteamiento resultaría contrario a la lealtad federal menos exigente.

Recapitulando: transferencias de una sola dirección, transferencias indefinidamente crecientes que constituyen el objetivo primordial de la acción política autonómica, transferencias como pasos intermedios para la consecución de fines inconstitucionales. Este es el preocupante contexto del proyecto de Estatuto catalán. Quien quiera defender el proyecto, que no busque argumentos en el campo federal porque, como hemos visto, no encontrará ninguno