Mayo del 2006


Periodo reconstituyente

Publicado en General el 29 de Mayo, 2006, 9:26 por floreal
En teoría, una Constitución como la del 78 debería haber servido para
establecer un tablero y unas reglas de juego sistemáticos con los que
movernos bajo los principios de Legalidad y seguridad jurídica. Para eso se
supone que sirven las normas constitucionales. Sin embargo, España, con poca
o ninguna tradición democrática, aprobó una Constitución que la condenaba a
extinguirse por culpa de su Título VIII, causa de la actual fiebre
estatutaria con la que las Comunidades Autónomas quieren delimitar y blindar
unas competencias y derechos para ser más poderosas, inmunes e
independientes que las demás. Así, la Constitución del 78, desde dentro, se
transforma en algo diferente: una nación pseudofederal de feudos autonómicos
donde hasta el agua se quiere controlar... porque, de momento, hay aire
suficiente.



Este proceso “reconstituyente” que, paradójicamente, debilita a la nación
española —¡pobrecita!—, es imparable, y nos conduce a un lugar donde el
principio de legalidad es bastante relativo y la Seguridad jurídica una
quimera al dividirse en 17 legislaciones y pico. En Madrid, los niños
aprenden los ríos de la Comunidad, y en Cataluña apenas aprenden a hablar
castellano. Sin embargo, la Constitución del 78 tampoco se ha establecido,
consolidado y fortalecido en la mayoría de sus otros Títulos… Estamos en
continuo “proceso constituyente” y, quizás, dentro de 50 años o así por fin
nos hayamos convertido en una auténtica Democracia.



Junto al Proceso autonómico, existen otros problemas, por inestables, en
continua evolución:

* La incompleta separación de poderes establecida en el 78 ha
devenido en un bicefálico Poder único que ni siquiera reside en las Cortes
Generales: 2 Partidos, con sede en Ferraz y Génova, dominan el asunto. Unas
únicas elecciones eligen al Legislativo, que elige a su vez al Ejecutivo, y
entre los dos controlan al Judicial. El segundo elemento de esta trinidad
hace las leyes, el primero, inevitablemente de la misma línea, las aprueba y
nadie las aplica.

* Hasta tal punto tenemos escasa consideración a los órganos
presuntamente democráticos, que contamos con un Senado que no sirve para
nada. Se manda en y desde los Partidos. Lo demás es maquillaje. Otro
“proceso constituyente” que prostituye y nos arrebata la democracia.

* Todo esto se basa en una Ley Electoral que impide a los ciudadanos
elegir a sus auténticos representantes. Los electores ponen una papeleta, y
se elige a unos numerarios inamovibles de una lista cerrada. Estos
representan a su Partido, no a su circunscripción electoral. La disciplina
de Partido ignora siempre los intereses de los electores o la conciencia de
los propios “elegidos”. Con esta ley se contradice el espíritu
constitucional original. Todo esto conduce a que la gran mayoría de los
ciudadanos vote a la contra, intentando evitar que ganen los otros, porque
los “propios” se conciben como un mal menor.

* El Poder Judicial, por escasez de medios y sumisión a los Partidos
políticos, carece de auténtico poder e independencia. Ha perdido prestigio y
confianza. Claro que no tanto como el TC, el TDC, la CNE y otros órganos de
arbitraje, todos controlados. En este sentido, la sociedad se constituye en
la duda absoluta sobre cualquier sentencia o arbitraje.

* El presunto “cuarto poder”, los Medios de Comunicación social, o
bien se encuentra controlado por —¿o controlando a?- los propios Partidos o
bien se comporta de forma cobarde sin atreverse a decir lo que todo el mundo
ve y dice en las tertulias privadas. El método más común, dar sucesos en
lugar de información política y así huir del escándalo auténticamente
demoledor para con el sistema.

* Desde que se aprobó la Constitución del 1978, y como consecuencia
de los más de 30 años de la Dictadura nacionalista de Franco, España se ha
ido diluyendo. El gran proceso, realmente, constituyente de esta época es el
progresivo debilitamiento del concepto de España. No tenemos ni bandera ni
himno, porque apenas nadie se atreve o puede amar a España. De ahí que
tengan que ser un francés, Sarkozy, o un artista rebelde, Boadella, los que
se atrevan a decir “viva España”.

* El sistema de las Autonomías, por otro lado, ha disgregado al
territorio en pequeñas comunidades vecinales con un mayor sentido de
identidad que el conjunto del país. Si a eso se une que no hay ni una simple
aportación ciudadana a la España conjunta, es imposible que nazca un
sentimiento compartido de nación.

* A todo ello se unen los numerosos y dispares sistemas educativos
que temen y persiguen a la excelencia y promocionan la uniformidad de
escaseces. La Educación, que debería ocupar el primer lugar en la lista de
prioridades de una Democracia, no sólo se ha desintegrado en 17 y pico
planes de estudios, sino que también se ha degradado hasta convertirse en un
sistema de mínimos que cumple con el trámite de convertir a los niños en
“analfabetos democráticos”. A saber: nuestro sistema educativo prepara a los
estudiantes de forma insuficiente, sobre todo para crear en ellos un
espíritu crítico que les permita sentirse “animales políticos” y afrontar
los problemas de ‘la Polis’ con implacable sentido de la exigencia a sus
Representantes e incorruptible sentido de Participación para luchar contra
los desmanes y carencias del Sistema.

Así, el 6 de diciembre del 78 entramos en un nuevo periodo “constituyente”
que va para largo, y cuya manifestación más evidente son los nuevos
Estatutos de Autonomía, pero que puede extenderse a casi todos los rincones
del mundo político español. Dónde acabará la cosa, es difícil decirlo…



Pero ya es hora de evitar más hipocresía y plantearnos de una vez si
queremos dejar de ser una nación bananera para pasar a convertirnos en
auténtica Democracia. Y eso deberemos decirlo los ciudadanos… españoles. Los
Partidos, los poderes fácticos, no lo harán.



Daniel Martín ( en Estrella Digital, 16-05-06 =
<http://www.ciutadansdecatalunya.com/>; http://www.ciutadansdecatalunya.com )

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