Los tributos no son caridad

Publicado en General el 7 de Agosto, 2008, 13:53 por floreal
A la vista de cómo evoluciona el caso de Lluís Suñé, el concejal de
Torredembarra que pidió a los catalanes que apadrinasen un niño extremeño
-una petición irónica, precisó después mientras se disculpaba, como si la
magnitud de lo dicho no desmintiese que est¡ incapacitado para la ironía- y
la entrada en tromba del ex diputado de ERC, Joan Puig, sugiriendo que son
unos malnacidos los políticos extremeños que no agradezcan "la aportación
económica solidaria que hace Cataluña a su comunidad", habr¡ que preguntarse
si est¡ muy extendida entre algunos políticos esta identificación de la
equidad fiscal con el Domund o el ropero de San Vicente de Paul. Aunque Suñé
y Puig no parezcan demasiado leídos sobre política fiscal, seguro que
comprenden la distinción entre, por una parte, obligaciones tributarias que
reclaman a cada ciudadano una parte de sus ingresos -en Cataluña, Murcia,
Extremadura o en cualquier otro punto de España- y, por otra, una obra de
caridad.



Por tanto, eso de la "aportación económica solidaria que hace Cataluña" a
los extremeños desagradecidos es una tergiversación, bien necia por cierto,
de lo que es y cómo actúa un sistema fiscal, aquí y en cualquier país del
mundo. Puig y Suñé exacerban la idea de unas comunidades autónomas que se
consideran exprimidas hasta la consunción por unas regiones pobres. Los
exabruptos sobre niños extremeños y la histérica exigencia de sumiso
agradecimiento dejan claro que Suñé y Puig se sienten ricos en un país de
pobres y amos en una sociedad de criados. E insisten en manifestarlo sin el
menor recato o prudencia.



Sería muy higiénico que ambos fueran apartados de cualquier responsabilidad
pública. Si Suñé no es expulsado de ICV -felizmente Puig est¡ retirado-
significa que en el partido piensan en privado lo que el concejal se ha
atrevido a decir en público. Es una desgracia que en un debate tan complejo
como el de la financiación autónomica, la equidad interregional y las
tensiones políticas que acarrea interfieran actitudes tan envilecidas. Con
lo bien que les sentaría, a ellos y a los que actúan como ellos, el div¡n
del psicólogo. O un exorcismo, si lo prefieren.



. [ En www.selecciondigital.es/elpaiscom/los-tributos-no-son-caridad del
7/08/08 ]



_____

De: JAP Enviado el: jueves, 07 de agosto de 2008

Asunto:



Crisis sociales, riesgos manipulados



El incremento del gasto social relacionado con el envejecimiento se estima
-¡para 2050!- en un 4,6% sobre el PIB en el promedio de la UE. Se presenta
como "insoportable", pero resulta que es menor que la transferencia de renta
desde el trabajo al capital provocada en los últimos años, antes citada =



No son las dificultades las que vencen a los hombres, sino el temor”,
afirmaba Shakespeare. Y el temor es una sensación que puede fabricarse, como
puede aliviarse o acentuarse, de forma inconsciente o consciente. No sólo la
influencia de las religiones, sino también el poder en general, se articula
frecuentemente sobre la conveniente manipulación de riesgos y temores. El
riesgo, la sensación de riesgo, aumenta con la globalización. Y su esencia
cambia. Los ciudadanos del mundo tienen la impresión de estar metidos en una
turbina de la que pueden salir despedidos en cualquier momento.

Mientras en el pasado, muchos daños se atribuían a los dioses, la naturaleza
o simplemente al destino, hoy, la mayor parte de los peligros que nos
amenazan parecen descansar sobre decisiones humanas. Anthony Giddens los
denomina riesgos manufacturados, porque suelen estar relacionados con la
búsqueda de ventajas económicas en procesos industriales insuficientemente
garantizados. Incluso las cat¡strofes naturales o el cambio clim¡tico han
dejado de ser accidentes para ser hechos imputables moral, política y
jurídicamente a los hombres. Los dioses hace tiempo que son inocentes.

En el terreno social también es habitual esa forma interesada de
manipulación de riesgos. Cualquier fenómeno como el terrorismo, la
inmigración, la dialéctica entre religiones y culturas, puede facilitar
decisiones de las que obtener ventaja inmediata, bien sea en forma de venta
de armas o de apropiación de recursos petrolíferos. Sólo se precisa que los
temores que provocan hayan sido convenientemente tratados y manipulados. La
crisis demogr¡fica y el envejecimiento de la población son otro ejemplo.
Desde los años noventa se ha asumido el riesgo de quiebra de las pensiones
en un horizonte lejano. Ese riesgo futuro se convirtió, en seguida, en
oportunidad inmediata para obtener ventajas; por un lado, en forma de
negocio para fondos de pensiones privados; por otro, político y social, al
conseguir que sindicatos y trabajadores aceptaran ajustes o asumieran leyes
restrictivas.

Ese riesgo ha estado alimentado de múltiples noticias. Tomemos tres ejemplos
de 1996. “La ONU estima que la población española ser¡ de 29 millones en
2050″, decía una. Diez años m¡s tarde se acaban de superar los 46 millones y
la natalidad se ha recuperado. “Expertos -decía otro titular- presentan
informe que confirma la necesidad de complementar las pensiones con fondos
privados”. La noticia no mencionaba que el escenario elegido utilizaba, como
hipótesis, una tasa de desempleo creciente hasta llegar al 26% en 2005, para
luego descender hasta el 20% en 2010. El “riguroso” informe estaba
patrocinado por la fundación BBVA y coordinado por José Barea, el que fuera
jefe de la oficina económica de Aznar. En el mismo año, la Dirección General
de Migraciones consideraba que la entrada de 20.000 personas al año era el “
cupo deseable” para la economía española y desechaba como inasumible “un
techo de 100.000 inmigrantes”. ¿Error o manipulación?

En cualquier caso, esas cifras y noticias sobre demografía, desempleo o
inmigración contribuyeron a generar el miedo escénico necesario para
desequilibrar las relaciones sociales y debilitar el Estado de bienestar y
las fuerzas progresistas. El descenso del peso de los salarios en la
economía, excepcional en una fase expansiva, es una de sus consecuencias. En
la zona euro ha caído un 13% desde 1980, casi el doble que en los países
industrializados. En España, entre 1995 y 2007, pese al fuerte crecimiento
económico, han perdido 6 puntos porcentuales en el PIB, mientras que el
salario real medio ha bajado un 5%. La batalla continúa. La creciente
fragilidad y precariedad laboral no impide que se fuercen cambios legales
urgentes que descargan sobre el trabajo la solución al envejecimiento social
en forma de prolongar varios años la vida laboral.

De forma sutil, la ortodoxia económica, apoyada por el tremendo poder
medi¡tico de los grandes centros de opinión, ha conseguido presentar como un
problema exclusivo de los trabajadores lo que es un problema común de toda
la sociedad. Ha conseguido que se focalice como un déficit de la Seguridad
Social, la caja particular de los trabajadores, lo que, en todo caso,
debiera asociarse a un déficit de la caja general de los ciudadanos, que es
la hacienda pública. ¿Tiene sentido? La hacienda pública financia, por
ejemplo, las pensiones no contributivas al considerarlas un derecho
ciudadano. ¿Puede desentenderse de financiar con el conjunto de impuestos
los costes del envejecimiento de la población?

Afrontado entre todos, es m¡s f¡cil encontrar soluciones. El incremento del
gasto social relacionado con el envejecimiento se estima -¡para 2050!- en un
4,6% sobre el PIB en el promedio de la UE. Se presenta como “insoportable”,
pero resulta que es menor que la transferencia de renta desde el trabajo al
capital provocada en los últimos años, antes citada.

En un entorno de desarrollo tecnológico no tiene sentido que la sociedad
abandone cualquier horizonte de mejora incubado durante siglos. Ahora, m¡s
que nunca, genera suficiente riqueza para abordar cualquier crisis y
financiar cualquier proyecto sostenible. Debe, eso sí, repartir mejor su
carga. Y saber combatir los riesgos manufacturados y el reclamo interesado
de soluciones urgentes. Cuando se afronta una nueva crisis, ésa es la mejor
enseñanza. Sólo así es posible decir: “¡Juntos podemos!”.

Ignacio Muro:
www.elpais.com/articulo/opinion/Crisis/sociales/riesgos/manipulados/elpepuop
i/20080807elpepiopi_5/Tes