El ruido de la calle: fabianos, hoy, ante la crisis

Publicado en General el 2 de Octubre, 2008, 23:36 por floreal

El pánico era provocado por un dios bribón llamado Pan, que tenía cuernos de cabrón y se aparecía en las encrucijadas anunciando pestes e infortunios. Los católicos lo convirtieron en el diablo. En los cruces de camino se construían cruces de piedra para conjurar la presencia maligna. Lo que el mundo vive estos días aún no es una crisis de pánico, es apenas un estado de ansiedad por la interrupción intempestiva del capitalismo de oro, el que promocionó el darwinismo social, la codicia, los negocios como el equivalente moderno de la guerra y los grandes negociantes investidos de la aureola atávica de bucaneros.

Esto no es una crisis de pánico aún; no se parece nada a las colas de Nueva York para ver la película de Chaplin 'Luces de la ciudad' cuando la gente, disimulando el hambre, se arrimaba porque creía que iban a dar pan gratuito. Las fotos de las madres de Nueva York parecían otra vez madres de pueblo, emigrantes griegas o sicilianas. Aún no han llegado los niños que vendían naranjas en las autopistas, vivimos casi el flexible o precario pleno empleo si se compara con aquel 25% de parados entonces.

Cuando los 'fabianos', que mostraron desdén del dinero, les decían camaradas a los bolcheviques y les intentaban convencer de que el capitalismo, siempre salvaje por definición, terminaría ardiendo, ya que no era ni 'laissez faire' ni democracia sino la codicia organizada, Lenin les contestaba: 'bien, camaradas, gracias por su colaboración pero el capitalismo no cae si no se le derrumba'. ¡Qué razón tenía! Hasta que se extinga, sigue recuperándose de sus crisis cíclicas mientras aquel sueño universal del socialismo se ha evaporado. Desde el pedestal de granito, cada 5 ó 10 años observa George Washington cómo caen los rayos sobre la Bolsa, y cada 5 ó 10 años el capitalismo resurge con más fuerza.

Pero no olvidemos que hubo gente decente como los 'fabianos', aunque exasperaban a los bolcheviques pues los veían como unos pijos aristócratas que tocaban el violín... Russell y Shaw, frente a Lenin, estaban convencidos de que el socialismo sería invencible a la larga porque se basaba en un pensamiento, destructivo, lúcido y terrible, despiadado con los privilegios.

La felicidad, según Gary Cooper, era tener trabajo durante el día y sueño en la noche, pero Russell hizo una definición menos rústica: 'la felicidad está basada en una falta de envidia'. Luchó durante toda la vida por tres cuestiones esenciales: contra la estupidez, contra envidias y a favor de la paz; tuvo una niñez turbulenta, durante la adolescencia estuvo al borde del suicidio.

«Me abstuve de quitarme la vida por el deseo de saber más matemáticas». Era un escéptico en cuanto a la democracia; para él la libertad significó al principio ausencia de dominación extranjera, y por último, en manos de Hegel, llegó su 'libertad' verdadera, «que se reducía a poco más que el gracioso permiso para obedecer a la policía».

[ Columna original de Raúl del Pozo -02/10/2008- en El Mundo; ver más en http://es.wordpress.com/tag/raul-del-pozo/ ]