Episodios Neoliberales: de 'comprensión y paciencia' en Asturias hoy, por ejemplo

Publicado en General el 26 de Diciembre, 2008, 13:13 por floreal

"La gran Arcelor/Mittal les ha hecho una 'oferta de bajas voluntarias' a sus trabajadores, ante las amenazas de catástrofe capitalista que gravita sobre el mundo empresarial occidental. En la larga historia de las enconadas relaciones entre empresas (capital) y asalariados (trabajo) es la primera vez que una de aquéllas les advierte a éstos sus intenciones estratégicas para llegar al futuro sin que los intereses empresariales sufran un serio revés. Lo hace Arcelor/Mittal mediante una carta personal en la que les empieza diciendo 'el tener que escribir esta carta no es en modo alguno motivo de satisfacción'…


Hasta ahora, los obreros nunca habían recibido una comunicación epistolar tan clara, tan precisa, tan contundente sobre las sanas 'intenciones' que sus 'amos' tienen con respecto a modificarles su actual status laboral y social. Hay que reconocer que el capitalismo (global) –el ogro tradicional del proletariado internacional…- ha mejorado las formas con que desarrolla sus 'relaciones humanas'. Ya no aplica, mo al menos en este caso concreto, súbitamente la ley del despido; sino que previamente les advierte de sus intenciones y propone que las acepten voluntariamente. Menos mal que el capital empieza a dar muestras de una decorosa civilidad al rehusar sus viejos principios autoritarios. ¿Habrán conseguido los sindicatos 'modernos' domesticar al capitalismo, desde que han sido 'integrados' en sus Consejos de Administración? ¿Quién sabe…!


El primer episodio neoliberal que influyó en nuestras vidas se inició en este país en 1959 con el primer Plan de Estabilización económica. Desde entonces, Asturias emprendió un nuevo camino hacia el futuro. El carbón, como principio básico para sostener la trama industrial del hierro y el acero, le dio a esta región una fuerte personalidad obrerista y un relativo bienestar social, de cuyas rentas sigue viviendo a salto de mata. Es probable que el principal servicio que la minería del carbón asturiana le haya prestado al Estado –en los años de las décadas 40 y 50- fue el de ayudarle a mantener una 'Autarquía' [no era tan políticamente correcto aun lo de 'Autonomía' o 'Autodeterminación'...] feroz; la cual empezaba en la política y concluía en la economía.


Mediante unos arbitristas planes milagreros, que comprendían la estabilización económica y fraguaban los sucesivos planes de desarrollo socioeconómico, los herederos de las antiguas explotaciones hulleras y los de las primitivas fábricas siderometalúrgicas, salvaron sus intereses familiares gracias a una paternalista intervención del Estado, que les 'nacionalizó' sus propiedades.


Los primeros discípulos de la teología económica ultraliberal (la que predica que el mercado libre es la garantía de la libertad individual) fueron los divinos 'tecnócratas', que se comprometieron a liberarnos de las pesadas cadenas del autarquísmo. A partir de ese momento, Asturias ha sido como una pelota de ping-pong azotada por las raquetas de los políticos contra las raquetas de los 'hombres de negocios'. Hasta hoy. Y, probablemente, hasta mañana.


El neoliberalismo –o liberalismo económico radical- empezó a descubrirlo la opinión pública asturiana escuchando a ciertos sabios teóricos que les hablaban de los fundamentos que sustentan el sistema económico basado en la libertad. Cuando empezó a familiarizarse con el neoliberalismo económico, esa opinión para entonces ya había experimentado las consecuencias de una intervención del Estado en sus industrias básicas, con el pretexto de favorecer a los trabajadores. Pero el Gobierno arbitraba medidas de protección que se instrumentaban para favorecer los intereses de los grupos privados y no a la clase obrera.


Uno de los primeros foros desde los que se impartían doctrinas neoliberales en Asturias fue el de La Granda, en Avilés; aquí, un verano de los años 70, expuso sus brillantes teorías neoliberales un destacado economista llamado Juan Sardá Dexeus –entonces, presidente del Instituto de Economía del Mercado-, que había estado exiliado en América cuando finalizó la Guerra Civil española. Cuando regresó era uno de los más acérrimos defensores del neoliberalismo económico; en cambio, cuando tuvo que marcharse de España lo había hecho como un brillante experto en las tesis de Keynes.


Es curioso constatar que los mayores entusiasmos por el ultraliberalismo los demostraron los sucesores del viejo socialismo español, ahora por Felipe González liderados. La UCD, quizá porque se había enfrascado en una encarnizada lucha interna, no se atrevió, o no pudo o no le dio tiempo a liderar la nueva ideología económica. Asturias es, todavía hoy, un entretenido escaparate en donde los socialistas –reconvertidos a la socialdemocracia centroeuropea- han expuesto sus mejores ideas para contribuir a la inmersión de este país en las espesas y oscuras aguas del ultraliberalismo económico occidental.


En mayo de 1969, un ministro de Industria del Gobierno del general Franco –llamado Gregorio López-Bravo y Castro- realizó una visita apostólica a esta región. Llegó acompañado de un numeroso grupo compuesto por procuradores en Cortes y empresarios. Aquí le esperaban quienes representaban el poder político y empresarial asturiano capitaneados por el gobernador civil. Después de un largo recorrido por las amplias naves de la factoría sirderúrgica y de un multitudinario almuerzo celebrado en una de las amplias salas del área residencial de La Granda, López-Bravo pronunció un discurso institucional para exponerle a la interesada concurrencia los planes que su Gobierno tenía previstos para relanzar la producción siderúrgica en Asturias.


En primer lugar estaba decidido a impulsar una gran expansión de Ensidesa para la que se preveía una producción anual de cinco millones de toneladas de acero; en segundo término, se calculaba que, tras una tercera etapa desarrollista, Uninsa –fundada en 1961- alcanzara las siete millones de toneladas de acero, también. Con lo cual, Asturias en la próxima década de los 70 se colocaría a la cabeza del desarrollo siderúrgico español, nada menos que con doce millones de toneladas…


Cuando el ministro concluyó su épico discurso económico-político, o viceversa, tomó la palabra un representante de los empresarios que habían acompañado en el viaje al brillante orador. Se llamaba Agustín Rodríguez-Sahagún. Aquel empresario no se anduvo con rodeos: vino a decirle que 'el INI se dedicaba a desarrollar una política desleal con los intereses empresariales privados'. Entre otros problemas, 'por los salarios para sus trabajadores, la empresa pública establecía un agravio comparativo con lo que podían pagar las privadas'.


Cuando aquel enojoso encuentro empezaba a calentarles la boca a sus protagonistas, y el asunto adquiría ya tonos excesivamente peligrosos para el protocolo, el ministro interrumpió al orador -que se había lanzado cuesta abajo y ya casi sin luces- para decirle: Si ustedes quieren algo positivo para sus intereses, lo mejor que pueden hacer es constituirse en un grupo de presión. Ocho años después, aquel empresariado entonces tan ofendido fundó la CEPYME y CEOE. Dos notables grupos, muy efectivos, de presión política y económica. O viceversa.


Era verdad que las empresas públicas del Estado pagaban salarios más altos que las privadas. Pero lo que no hubo nunca en este país fue una empresa pública entendida e interpretada en su más estricto sentido ideológico. Lo que sí había, en realidad, era un 'mercado intervenido' por el Estado; pero sometido, éste, a las presiones de los grandes intereses -para nada públicos- del capital privado. El Instituto Nacional de Industria (INI), que había sido creado en septiembre de 1941, agrupando empresas de carácter paramilitar, funcionó siempre bajo los principios de la subsidiariedad para combatir las tendencias restrictivas de la competencia y –de acuerdo con la ley del Segundo Plan de Desarrollo- para intervenir en los sectores en los cuales se produjera una fuerte inversión de capital extranjero.



Sí es cierto que el INI, en sus comienzos, pretendió disfrutar de una cierta autonomía con respecto a la influencia de los grandes grupos financieros, pero, después de severas críticas, esos grupos acabaron por engullírselo. En un interesante trabajo publicado por Cuadernos para el Diálogo, precisamente por las mismas fechas que López-Bravo eligió para su viaje apostólico a Asturias, se decía que las ocho mayores empresas del INI tenían en sus consejos de administración a famosos hombres de la Banca. Y que veinte presidentes más diez vicepresidentes de empresa del INI eran también destacados dirigentes de la banca privada. Sin embargo, el capitalismo privado aún se quejaba de la cosa pública.


Se había creado una burocracia industrial que se dedicaba a servir eficazmente los intereses del neocapitalismo vigorosamente emergente de la época. Para muestra basta un botón: cuando Uninsa necesitó recurrir a una ampliación de su capital social –hasta alcanzar los diez mil millones de pesetas-, el INI suscribió inmediatamente la totalidad de sus acciones (seis mil cuatrocientos millones de pesetas) y se convierte en su accionista mayoritario, puesto que el 69 por ciento del capital social ya era suyo. Uninsa se convirtió en un negocio para sus fundadores.


En Asturias nunca fue posible –porque al capital privado no le interesaba- compaginar el desarrollo siderúrgico con la creación de una red de industrias transformadoras. En cambio, Vizcaya sí lo hizo. Ese es uno de los secretos de la gran diferencia entre esta región y aquella. En Asturias siempre se refugió el capitalismo especulativo, contando con la complicidad del Estado.


Tiempo después de aquella recomendación que López-Bravo les hizo a los empresarios privados –'¡Organícense como un grupo de presión!…'- cuando ya el Estado no era franquista, sino democrático; cuando estaba a punto de liquidarse el INI y los socialistas renovados eran el Gobierno, otro joven cerebro impetuoso, creador e imaginativo, Solchaga, pronunció la sentencia de muerte del carbón asturiano: 'El problema que tiene el INI en Asturias es el carbón', dijo.


La sociedad asturiana, no sé si por vocación o por imitación, siempre tuvo grandes lumbreras neoliberales. A veces, sin saberlo ellos mismos. Y lo que pensaba un Solchaga 'socialista' lo repetían con idéntico entusiasmo, cargándole a 'lo público' la causa de nuestros males económicos. Sin embargo, el problema fundamental ha sido otro: Asturias, en términos económicos, nunca ha sido pública sino privada. Es posible que el mayor problema que haya tenido esta región fuera el INI.


No olvidemos que, en 1957, Asturias ocupaba el cuarto puesto en la lista de la distribución nacional de los ingresos per cápita. Pero también que, cinco años después –en 1962- había descendido hasta el lugar 16. En 1964, Asturias se había hundido hasta el puesto 19; situándose por debajo de la media nacional. Desde el olimpo orgánico de la jerarquía política regional, este traumático fenómeno socioeconómico era explicado a la opinión pública con una simplificación provocadora: 'Asturias, no es que haya bajado, sino son las demás que han subido'. Con lo cual, se podía demostrar que la región no sólo perdía poder económico sino que, además, los responsables del poder político habían perdido su vergüenza.


Aquí nunca se logró, ni se intentó tan siquiera, planificar la economía asturiana con fines verdaderamente sociales. La condición 'subsidiaria' del Estado sólo funcionó para hacer aquellas cosas que el capital privado (entonces, ya muy atrapado por las tesis neoliberales) no quería hacer o no le interesaba hacerlas por dos razones: una, porque el beneficio económico que le reportaría a su inversión era muy escaso o excesivamente bajo; y otra: porque si ese beneficio se producía sería a muy largo plazo. Por lo tanto, la finalidad de la empresa pública era la de 'socializar' las pérdidas que generaban los malos negocios –y las aventuras…- del capital privado español.


Pero esa política de intervención pública nunca estuvo controlada por la clase política que representaba al régimen, sino que siempre estuvo en las manos de los grandes burócratas industriales, que constituían una casta social muy poderosa. Casta que continuaría prolongándose en el tiempo, a pesar de los cambios políticos habidos en el país.


El mito de la riqueza del carbón se conservó en Asturias incluso cuando ya en los países europeos, que disponían de una larga experiencia histórica sobre la minería del carbón, mucho más desarrollada y bastante más rica que la nuestra, se había llegado a la conclusión de que el carbón se estaba pasando de moda (1966), y que la importancia que se le daba estaba principalmente influida por el grado de evolución social y económica que hubiera alcanzado el país. Lukacs, en este sentido, decía (y no sé si debo pedir perdón por citarlo…) que, para la riqueza de un país, el hecho de 'que sea fundamental o no la importancia del carbón depende de la producción y no del carbón'. Sin embargo, esto es algo que aún no hemos asimilado los asturianos, a pesar de la fatigosa experiencia que la historia de la minería hullera nos ha legado.


En 1967,el INI se adjudicó el control total de una nueva empresa llamada 'Hulleras del Norte S.A. (HUNOSA)'. Estaba constituida por una concentración de grandes explotaciones mineras pertenecientes a Duro-Felguera, Fábrica de Mieres, Hullera Española, I.A. Santa Bárbara, Nueva Montaña-Quijano, Carbones Asturianos... Sucesivamente, se incorporarían al 'holding' minero otras minas menores. Desde la década de los años 50, hasta los tres primeros años de la década de los 70, se produjeron en Asturias numerosas huelgas por razones laborales y sociales, principalmente, pero que al Gobierno (y a su Régimen) le suponían un incómodo problema político. Aquellos conflictos –algunos de gran relevancia sociopolítica: el del año 1962, por ejemplo- fueron los últimos suspiros de un histórico movimiento obrero que, al final, acabaría siendo diluido en el 'nuevo orden' económico: el consumismo. [Dice: consumismo]


Uno de esos conflictos sociales –seguramente el más peculiar teniendo en cuenta el contexto social en el que se produjo y por quiénes fueron sus líderes- fue el planteado por el 'Centro de Iniciativas Económico-Sociales y Turísticas del Valle del Nalón', fundado en Sama de Langreo a finales de 1968, con la finalidad de luchar abiertamente contra el desmantelamiento industrial de las cuencas. Era, en realidad, un movimiento protagonizado por la sociedad civil: pequeños propietarios, profesionales liberales, comerciantes, obreros, vecinos…


Ese movimiento cívico lo había provocado UNINSA al desmantelar en las cuencas el patrimonio siderúrgico para llevarselo a Veriña (Gijón). En el Centro de Iniciativas tenían las ideas muy claras: 'Estamos en contra de una decisión unilateral de claro signo capitalista'. Y así se lo hicieron saber al Gobernador Civil (Mateu de Ros) en una extensa carta abierta –fechada el 13 de enero de 1970- en donde le advertían además que pagarían la multa de diez mil pesetas, que les había impuesto, sin hacer uso de su derecho a recurrirla judicialmente. La multa les fue impuesta porque a la asamblea general extraordinaria, celebrada en el Teatro Rozada de Sama el 26 de diciembre de 1969, habían asistido personas 'no asociadas' al Centro. Increíble.


El episodio de aquella prolongada revuelta civil langreana ha sido intencionadamente olvidado, no sólo por la derecha posfranquista sino también por la nueva 'Izquierda socialdemócrata', con siglas del partido que fundó Pablo Iglesias, el Obrero Socialista.


En la transición, UCD no tuvo tiempo más que para 'despertar' un nuevo neocorporativismo, incluyendo a los sindicatos y a la patronal. Los socialistas (renovadores), optaron por una política económica de filiación neoliberal. En 1995, se cargaron al INI. Ya no hacía falta. Empezaron a buscar compradores para liquidar los últimos restos del patrimonio público industrial asturiano. Pero sería el PP quien realizará la operación. Siendo ministro de Industria Josep Piqué, encontraron 'socio': Arbed. Fue una 'desamortización' como las que acostumbraban a hacer en el régimen de aquel general, utilizando al INI para cargárselas a su cuenta… El Partido Popular vendió así Ensidesa camuflando la venta en un océano de eufemismos. Lo habitual.


Ahora, es el turno de Arcelor/Mittal. Sus dirigentes nos piden 'comprensión y paciencia en este difícil proceso'. Hace casi setenta años que en Asturias la paciencia es de acero inoxidable. Sin embargo, la comprensión es imposible."
 
["Episodios neoliberales en Asturias", por Lorenzo Cordero desde 'La Voz de Asturias' -3/10/17-12-2008]