¿Políticas ‘activas’, o la batalla del empleo! *

Publicado en General el 31 de Enero, 2009, 16:10 por floreal

"Los intereses económicos aprovecharon la Crisis de los años 70, llamada 'del petróleo', para modificar el sistema económico de acuerdo con sus conveniencias. A partir de los gobiernos de Reagan y Thatcher, el sistema de 'economía mixta' ha ido involucionando hacia otro neoliberal. A juzgar por determinadas manifestaciones, con una gran irresponsabilidad (esto nada tiene que ver con las crisis de los años 73 y 79), parece que en ésta pretenden de nuevo aplicar la misma estrategia. El PP y los medios afines proponen rebajas fiscales y la CEOE pide al PSOE abaratar el despido, reformas laborales y, cómo no, reducir las cotizaciones sociales.

 

El pasado día 24, Juan Antonio Sagardoy publicaba en el diario El País un artículo de título La batalla del empleo; en él recoge todo tópico que los intereses empresariales aplican al mercado de trabajo. El artículo va destinado a mostrar la ineficacia de las políticas pasivas (prestaciones del seguro de desempleo) y a cantar las excelencias de políticas activas (incentivo empresarial), según la nomenclatura al uso, nomenclatura que, dicho sea de paso, nunca he entendido. Las llamadas 'políticas activas' no son tales, como no sea para los empresarios, porque en realidad para lo único que sirven es para incrementar el excedente empresarial.

 

El señor Sagardoy afirma que 'nadie contrata a quien no necesita ni despide a quien necesita'. Estoy de acuerdo, pero lo que no comparto son las conclusiones que pretende extraer. Precisamente porque nadie contrata a quien no necesita, de poco servirán los 'incentivos' fiscales y demás beneficios a los empresarios. Éstos no invertirán ni generarán empleo si no están seguros de vender sus productos y servicios. Lo que realmente se precisa, por tanto, es mantener e incentivar la demanda.

 

El señor Sagardoy minusvalora los efectos de la obra pública y de las prestaciones del seguro de desempleo, pero son precisamente esas medidas las más apropiadas para incentivar una demanda. Si de cebar la bomba se trata, hay que procurar que la pérdida de los efectos del multiplicador sea mínima y, por tanto, que las actuaciones públicas estén lo más cercanas posible a la demanda (inversión pública, ya que no hay ninguna seguridad de que la inversión privada reaccione) o se dirijan a los colectivos con alta propensión a consumir, es decir, escasa capacidad de ahorro. En ese ranking, los parados ocupan puestos de honor, e incrementar la cobertura y la prestación por desempleo no sólo es una medida óptima desde la perspectiva de justicia social, sino también de lo más eficiente a la hora de realizar alguna 'política expansiva'.


Fundamentar el crecimiento económico y la creación de empleo en los bajos costes laborales es un camino que no conduce a ninguna parte. Siempre habrá países con salarios más bajos y más reducidas cargas sociales. Entrar en esa batalla competitiva es una carrera sin fin. Los bajos salarios de nuestra economía no han impedido que nuestro país se haya situado a la cabeza de Europa en la velocidad con que se destruye el empleo. No conviene olvidar, además, la otra cara de la moneda. Las remuneraciones de los trabajadores, incluyendo sus prestaciones sociales, son el reverso del consumo y éste constituye la parte más importante de la demanda y, por tanto, del PIB.


Se tiene razón al afirmar que nadie despide a quien necesita. Pero sí se despide a quien se ha necesitado ayer y a quien se va a necesitar mañana. La cuestión se plantea en saber quién va a soportar coste de la crisis, y por qué los empresarios que han obtenido cuantiosos beneficios en el pasado y que van a volver a obtenerlos en el futuro no pueden asumir su coste actual… ¿Cuántas empresas podrían mantener sus trabajadores aun con la contrapartida de ganar un poco menos? Existirán sin duda aquellas que están obligadas a despedir a los suyos porque de eso depende su viabilidad, pero autorizar el despido cuando no es imprescindible por el simple hecho de que se pueda 'ajustar la plantilla' provisionalmente, haciendo así ganar más dinero a las empresas, aparte de injusto, produce efectos muy negativos sobre la actividad económica.


La 'flexibilidad en el despido' lo único que provoca es un agravamiento de la crisis al deprimir aún más la demanda. Algo que los empresarios deberían tener muy en cuenta es que lo que en un primer momento de forma individual aparece beneficioso para ellos se puede convertir en contraproducente si se generaliza. Una generalización del despido más allá de lo necesario termina volviéndose contra las empresas al 'deprimir la demanda' y la actividad."

 

[* en http://es.wordpress.com/tag/juan-francisco-martin-seco/ del 28/01/2009]