¿Consensos –hacia Reformas ‘estructurales’- o... ‘más brutos que un arao’, unánimemente?

Publicado en General el 19 de Marzo, 2009, 12:13 por floreal
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Cuando el Premio Nobel de las Economías, Krugman (a quien, por cierto, se lo dieron en cuanto destapose una crisis… anunciada por él hace ya dos lustros), pinta un panorama sombrío primero en Sevilla y luego -tras tener confidencias con ZP y sus asesores, que pagaban la visita del gurú por consultarle cifras no desveladas al común de la ciudadanía soberana…- ‘aterrador’ en Madrid, recetas del consenso apuntan siempre hacia ‘reformas estructurales’ muy vagorosas.

 

Pues bien –aparte 'simplezas tacañonas’ de uno u otro género (laboral o para prestaciones, etc.), que igual son exigidas ahora como en previas ‘vacas gordas’ y nadie nos explicará por qué no requieren tantos apretones a países más boyantes de nuestra misma UE- hay una herramienta básica para invertir con futuro: la FORMACIÓN

 

Pero no habremos nada que hacer si ni siquiera podemos reconocer algún estado de cosas tal como lo percibe cualquiera en la puta calle (porque hay que debatir entre apoyos -‘hooligans- de LOGSE/LOCE, Independentismos/Constitución, Psoe/PP, Laicismo/Iglesias y otros blablablás prejuiciosos por los que aun objetivar qué sea lo que ‘reformar en serio, o sea, estructural mente’ precisamos (pues, real mente, falla hoy aquí) se torna imposible…

 

De ‘Más brutos que un arao’, Daniel Martin, en www.estrelladigital.es/ED/diario/105020.asp = “La democracia despierta en uno grandes esperanzas: todos tenemos, en principio, las mismas posibilidades de alcanzar el conocimiento, el éxito, la excelencia, el poder, etc. Pero las cosas no son así. Nadie podía suponer en qué se iba a transformar la idea de Gramsci sobre la necesidad imperiosa de la izquierda de hacerse con la cultura. En Occidente, a 17 de marzo de 2009, somos todos igual de brutos. ¿Esa era la igualdad que buscaban los seres humanos de hace cien años?

 

En las últimas semanas he tenido la oportunidad de tratar a numerosos universitarios o recién licenciados. A preguntas tan sencillas como ¿qué hijo de Isabel II fue rey de España? ó ¿cuál es el significado geométrico de una derivada?, te responden con desdén, destemplanza o ignorancia arrogante. Recuerdo que hace más de 20 años, en mis primeros viajes a Estados Unidos, me reía de los yanquis porque situaban España en el Pacífico o me intentaban explicar lo que era un semáforo.
 
En este sentido, España ha alcanzado, incluso superado, al corazón del imperio: aquí pocos saben situar el océano más grande del planeta y ninguno acata el complicadísimo sistema de símbolos que, mediante luces, regula el tráfico. Sí, ya somos tan brutos como allende los mares. La escolarización universal es algo bueno, enorme, hermoso. Pero de poco o nada sirve si, como ocurre en casi todo Occidente, se mete a los niños en escuelas donde se aprenden muy pocas cosas, las oportunidades de sobresalir son escasas o nulas y la igualdad se sitúa a la altura de las inteligencias menos altas. Hemos conseguido que todos los alumnos sean igual de analfabestias. Y eso no es bueno, enorme ni hermoso. Es dañino, empequeñecedor y feo.

 

En el siglo XVI un clérigo escribió un opúsculo poco conocido donde exigía que fuesen escolarizados todos los niños de Castilla, hasta los doce años. A esa edad, los que hubiesen hecho méritos, con independencia de su condición social, deberían pasar a realizar estudios superiores para terminar convirtiéndose en hombres de élite gracias a las buenas universidades que, entonces sí, poblaban España. El resto de los chavales, ya fuesen hijos de nobles, burgueses, artesanos o campesinos, a hacer una especie de formación profesional que les permitiese afrontar la vida con solvencia y proporción a sus propias capacidades.

 

Cinco siglos después el camino elegido es bien distinto. Ahora se estudian unos contenidos absurdos -me comentaba el otro día un viejo amigo que su hijo, en 4º de la ESO, aún tenía libros de texto con 'dibujitos'- por su nimio nivel y nula profundidad pero que, eso sí, son aptos para todos los cerebros. Así, el niño sale de la escuela con un título pero poca preparación, pésima capacidad de expresión oral y escrita y nula capacidad de análisis y síntesis. Y este absurdo educativo se prolonga en la universidad con unas licenciaturas -que se abaratarán aún más con los grados del Plan Bolonia- donde apenas se enseña nada. Y así, con la multiplicación hasta el 'infinito y más allá' de los titulados universitarios, los títulos han perdido tanto su valor relativo como absoluto. Hoy en día, ni los que hacen un máster o un doctorado pueden considerarse personas cultivadas a la antigua usanza. Esta 'modernidad' es igualitaria, pero ni de cerca se puede considerar ilustrada, ejemplar ni nada que no tenga connotaciones borreguiles.

 

Si la observación antropológica nos permitiese concluir que los humanos usan el cerebro, pensaríamos que existe una conspiración planetaria para 'construir' súbditos obedientes y materialistas antes que ciudadanos exigentes poseídos por el espíritu crítico. Pero como la experiencia me invita a pensar que los políticos son, en su gran mayoría, una panda de inútiles oligofrénicos, creo más bien que sus buenos deseos sin fundamento intelectual son los responsables de esta carrera académica hacia la brutalidad que impera en Occidente -menos en algunas buenas universidades de EEUU y Alemania y, sobre todo, en Oxbrigde-…

 

Porque brutos, en el sentido de 'necio, incapaz', ya lo somos. Y, como se va viendo cada día con mayor asiduidad, también lo somos en el sentido de la tercera acepción del DRAE: 'violento, rudo, carente de miramiento y civilidad'. El problema es que el sistema promete tanto y el chaval se encuentra con tan poco que, muchas veces, esta brutalidad deviene en salvajismo, locura, frustración desmedida e incontrolada. Y estas trágicas consecuencias del pésimo sistema educativo son tan solo las primeras del largo progreso degenerativo que la sociedad va a experimentar en las próximas décadas. Eso sí, aquí nadie cambiará nada; nadie realizará nunca un giro que nos devuelva hacia el muy deseable camino de la excelencia.”